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EL SEXO Y LOS DIBUJOS ANIMADOS

El menos sensato de nuestros redactores se despacha con un estudio sociológico sobre los dibujitos animados...

Empecé una dieta terrible ayer a la tarde. Y para adelgazar nada mejor que comprar esa obra en fascículos del doctor Cormillot; pero, claro, después de la página 4, el papel ilustración me va cayendo pesadito. Parado frente al espejo de cuerpo entero que tengo en el dormitorio me dije mirándome a mi mismo con asco: "¡Gordo! Estás hecho un gordo mantecoso, repugnante y porcino". Pero me ofendí y me fui a comer una pizza. Después de todo, tres o cuatro kilos de más no son para dramatizar. Hoy a la mañana continué la dieta, me dije que no podía convertirme en un tipo débil, que ninguna milanesa o tortilla tenía carácter tan fuerte como un ser humano, incluso yo, y que debía vencer la tentación. Pero el morfi me habrá ganado por penales, porque no soporté más y terminé pidiendo comida por teléfono, aunque no haya nadie que mande choripan a domicilio. Entonces cociné unos fideos, que yo no sabía que hay que hervirlos con agua primero, así que fritos me quedaron duros y arrebatados. No hay caso: para comer bien, debo casarme. Para casarme, voy a necesitar una mujer, voy a tener que invertir. Para invertir, necesito una mujer... Y todo vuelta a empezar.

"YENDO AL GRANO" DIJO UN CHOCLO

No hay caso. La astucia es como la chancleta: uno comienza a utilizarla de jovato, porque cuando se es más joven todavía no le encuentra mayor utilidad. Y este comentario viene a propósito de flamantes descubrimientos que he realizado a partir de unas investigaciones con mi vecina de arriba, una simpática rubia cuarentona, pero fea como una citación urgente de la DGI. Uno de estos descubrimientos me llevó a desistir, al menos en esta oportunidad, de escribir una nota alusiva a "la edad cuaternaria", y dedicarme más bien a este tópico, de por sí interesantísimo: las otras parejas, las "ocultas", es decir aquellas que no están compuestas necesariamente por un hombre y una mujer. ¿Cómo es esto? Veamos más de cerca.

UN POCO DE FILOSOFÍA

Según la mayor parte de los sabios antiguos, el Universo se compone de dos fuerzas antagónicas, una masculina y otra femenina, como la tierra y el cielo, el agua y el fuego, las nueces y la dentadura postiza, etc. Y de este antagonismo o lucha de los opuestos -o de su simple mezcolanza- nace la diversidad de todo lo que existe, todos los matices de gris que hay en este mundo. Bueno, la cosa es que los matrimonios posibles no son los únicos que vemos a diario en el Registro Civil, las iglesias, o bien tomando fresco a la tardecita, el viejo en el taburete y la vieja cebando mate. Porque hay otras parejas mucho más sutiles que no están siquiera compuestas por seres humanos y que, sin embargo, son claramente representativas del macho y de la hembra. Por ejemplo, la tuerca y el tornillo son objetos casi representativos del mismo acto sexual.
Pero hay otras parejas que fueron inventadas por el ser humano y que revelan ciertos comportamientos y características psicológicas de cada uno de los sexos. Veamos estas cuestiones un poco más de cerca, ciñéndonos a personajes de ficción.

1) EL COYOTE Y EL CORRECAMINOS

Los dibujos animados están redactados, confeccionados, armados y dirigidos por seres humanos, hombres y mujeres, en cuyas historias vuelcan parte de su realidad. De estos asuntos yo venía sospechando hace rato, les confieso. Por ejemplo, tomemos el caso de El coyote y de El correcaminos (¿o debería decir "La correcaminos"?). Lo que ocurre en cada capítulo es también un símbolo, es decir, es la historia de gente normal, e incluso no tan normal, por qué no, historias de hombres y mujeres al fin. Adviertan los paralelismos: El coyote es como el hombre y El correcaminos es como la mujer: 1) El tipo va detrás del pájaro, no se sabe con qué fin, pero todo lo terrible le ocurre al infeliz, que utiliza todos los esfuerzos físicos, su capacidad intelectual y sus recursos para capturar al ave. 2) Por su lado, El correcaminos es un ser pasivo, huidizo como toda mujer, que se muestra histéricamente al borde opuesto del precipicio -mejor dicho, del otro lado- pero que no concreta nunca. 3) Hablando de quién paga los platos rotos, el dibujo intenta poner como victimario a El coyote, o sea el elemento macho, pero en realidad es la victima, la que siempre cobra en todo el capítulo. Mientras, El correcaminos -claramente, el elemento femenino- mira, pasivamente, y se burla sacando la lengua. Claro, podrá decirse: "¿Y qué querías? ¿Qué El coyote se morfara a El correcaminos? Tampoco se va a suicidar el pajarraco". Sí, ¿por qué no pensar en capítulos en que El coyote se cayera una y mil veces a los abismos, lo aplastara una piedra enorme o un camión con acoplado, pero que al final terminara triunfando y fifándose al odioso Correcaminos?
Les voy a contar algo que seguramente los lectores no saben: en 1969 la Warner Bros., la empresa que hacía las historias de El coyote, recibió miles de firmas de angustiados espectadores con una sugerencia: confeccionar, aunque fuese sólo una vez, con la derrota definitiva de El correcaminos. Yo tuve el privilegio de ser testigo de este extraño capítulo cuando viaje a Australia en 1990 a visitar a un hermano, pero aquí no se ha dado nunca ¿Inconsciente colectivo, tal vez, o bien una necesidad social de justicia? Difícil respuesta.

2) TOM Y JERRY
Aquí hay otro ejemplo típico que inclusive ya va condicionando al chico desde que va al baño solo. Lejos de lo que la gente cree, en los EE.UU. "Tom" no es un nombre propio, sino un nombre genérico para el gato macho. Es decir, a todos los gatos machos se les dice "Tom", aunque su verdadero nombre sea "Tiky" o "Pussy". Entonces, no resulta casual que al pobre felino le pase de todo, frente al pequeño ratón inocente, clarísimo símbolo de la mujer, que no tiene culpa de nada y que sufre el acoso permanente. Hace poco un sociólogo yanqui dijo que la sociedad norteamericana era completamente feminista, que los hombres allí habían dejado de ser hombres hace rato y que esa debilidad del sexo fuerte se veía reflejada en las películas, obras de teatro, etc. Según el tipo éste, películas como "Terminator", por ejemplo, son exitosas porque rescatan en los jóvenes varones al machismo que se ha perdido y que, con cuatro gritos, una mujer yanqui termina dando por el piso. No hay, sobre este mundo, tipos más calzonudos y dominados que los hombres norteamericanos. Por esa cuestión sus dibujos animados son como son: el elemento femenino es débil físicamente, pero en contraste, también es simpático y termina triunfando a la larga, porque se hace justicia. Y ya se sabe cuán justicieros son los americanos del Norte.

3) TWEETY Y SILVESTRE
He aquí el último ejemplo de esta breve saga: otro gato, Silvestre, se la pasa corriendo siempre, desesperado y ansioso, a un canario de cara angelical y ojos celestes, símbolo de las Valerias Mazzas y Claudias Schiffers que andan por ahí, inaccesibles para la mayoría. Este gato -o sea este hombre- es diferente a "Tom": Silvestre es un pajero, histérico permanente, y fíjense que no despierta tantas simpatías como aquel otro en el resto de la gente. Tweety, por su parte, tiene de su lado a una vieja que lo cuida y que representa a todas luces el papel de suegra o madre, porque no deja entrar al gato a la casa, pobrecito el canario. En estos capítulos uno también desea inconscientemente que el gato se morfe -es decir, se fife- al canario, y asunto concluido. No resulta extraño que la mayoría de las mujeres esté a favor de Tweety, El correcaminos y el ratón Jerry y que los hombres nos inclinemos por los gatos Tom y Silvestre y el bueno de El coyote, que la única culpa que carga es tener ganas de fif... de comer.

CONCLUSIÓN MUY ANIMADA

Fíjense que nuestros dibujos animados argentinos no son feministas, como los yanquis: en general son medio boludones, como Petete y Trapito, Hijitus, Larguirucho y cosas así.
Yo creo que reflejan un sentimiento de culpa ante el sexo. Es que el sexo en la Argentina no se vive con naturalidad. Todavía hay brujas y hechiceros por todos lados y gente capaz de agregar un fósforo en cualquier hoguera. Pregúntenle, si no, a Telefé producciones. 

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